Parece
que las elecciones fueron hace un siglo. Pero no ha pasado más
que una semana desde el golpe de mano del grupo PRISA/PSOE que
llevó en andas al personaje que motiva nuestra web, un
personaje inédito por otra parte en tareas de mérito,
como no sea el de "Apretador de Botones Parlamentarios"
durante el Felipato.
Bién,
pues los más de nueve millones y medio de españoles
que dimos nuestro voto al Partido Popular ya hemos comenzado a
oir como un Frufru de túnicas, un leve rumor que
indica movimiento, un crujir en las paredes. Vienen a por lo que
es suyo y nunca debieron perder. Animados por todos esos progres
de pacotilla que nos rodean, snobs que añaden
a su currículum universitario y profesional, junto al forfait
de Baqueira y la tarjeta del Hándicap el adjetivo
"progresista", quizá para no levantar sospechas.
Personajes de la derecha más reaccionaria, socialmente
a la diestra de AP, enmascaran su procedencia y mudan su sufragio
al PSOE alegremente, como si no tuviera más relevancia
que cambiar de tailleur para la soiree de Ferraz.
Estos
progres, digo, que luego tienen un comportamiento social acorde
con su procedencia y educación, que llaman a la chica del
servicio "la que ayuda en casa", que por supuesto es
inmigrante y a quien le niegan la Seguridad Social y el más
mínimo derecho laboral, leen en El País y oyen en
la SER aquello que deben repetir en público para dar una
imágen de buen tono.
Negarán,
por ejemplo, que el desempleo rondara el 24% en tiempos de Solchaga
y que se hubiera reducido al 11% en los de Rato. Pero lo negarán
así porque sí, sin más que su fe ciega en
el panfleto monopolístico de Miguel Yuste, que por cierto,
en su dominical de ayer ya recogía los gritos de los homosexuales
para que se les reconozca su derecho al matrimonio. (Que por mí,
como si lo quieren celebrar en Los Jerónimos, pero es que
a continuación pretenderán la cesión a fondo
perdido de un recién nacido y eso sí que no mi
amol)
Pero,
¡ay dolor!, resulta que estos progres de pacotilla suelen
tener, como todos, propiedades hipotecadas, pisos en alquiler,
en fin, lo normal, algún piso que vender para mejorar,
alguna acción. Quizá sea por esto que al final de
sus alegres manifestaciones de júbilo por la toma del poder,
les viene a la cara un rictus extraño, como de preocupación
indefinida, como de pensar, ¿Y si...?
Te
partes de risa. Porque lo que nos ha dejado el monopolio del grupo
PRISA/PSOE es eso nada más; el derecho a desternillarnos.
Y
para terminar, una adivinanza, vamos a ver... ¿Qué
habría pasado si el PP hubiera destituido a Urdaci hace
un año?
¡Pues
que el Príncipe Felipe continuaría soltero y sin
compromiso! ¡Ja!
Lo
dicho, para partirse.
Hugo
Maltés
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